sábado, 11 de diciembre de 2010

¡CRÍTICA O MUERTE… TOLEREMOS!

Ya por segunda vez, he escuchado de boca del Presidente de la República, la instrucción dirigida hacia los medios estadales de comunicación, a que se abran a la crítica del pueblo. Una de las razones, es la necesidad de canalizar las propuestas y denuncias que las comunidades y sus habitantes quieren realizar sobre su realidad local. Sin embargo, creo que el Presidente debe dar una “instrucción de obligatorio cumplimiento y sancionada omisión o desobediencia” adicional, pero esta vez al partido: hay que TOLERAR LA CRÍTICA, y dejar la discriminación hacia quienes la realizan. Lamentablemente, es más fácil hacer que los medios del estado se abran al pueblo para difundir las denuncias y propuestas de sus comunidades, que el partido, en este caso el PSUV y sus militantes, toleren las mismas.

Sin embargo, creo que ese tipo de cambios y aperturas están lejos de poder decretarse u obligarse, pues por algún espacio vendrá la retaliación. Tarde o temprano. Y es que si tomamos el remozamiento de las 3R como parte de esta necesidad de abrirse a la expresión popular y al conocer de su boca sus expectativas, preocupaciones, propuestas y denuncias, va a depender de la voluntad política de asimilarlas como un estilo de gestión de lo público. Mucho ayudaría asumir una hidalga postura frente a las críticas: Revisar las críticas, Rectificar lo que sea necesario, y Reimpulsar lo rectificado de forma eficiente con una política comunicacional inteligente.

Es parte de la cultura política del venezolano, y creo que más allá de las fronteras de nuestro país, la intolerancia y la actitud discriminatoria hacia quienes se muestran irreverentes y críticos frente a las “vacas sagradas” o los “postulados sagrados”, y sobre todo cuando tales críticas se hacen públicas. Es muy conocida las formas de discriminar y excluir en política. Todo inicia por la sospecha de ya no “pertenecer” para luego a partir de la definición de la otredad, empezar a transitar dentro de un espiral de acciones descalificatorias, que van en la Venezuela actual, desde llamarte escuálidos hasta tratarte como tal.

Incluso, actualmente hay una nueva modalidad, propia de los grandes partidos de la cual el PSUV no escapa: los señalamientos y la actitud discriminatoria por “tendencias” o “facciones”, e incluso por posturas frente a los líderes (chavismo sin Chávez, los chavistas de derecha, los chavistas radicales, los chavistas duros, los más chavistas que Chávez). Una situación distinta sería tolerar las diferencias y profundizar el disenso abriendo los espacios para lograr los consensos.

En nuestro país, parte de las profundas divisiones que nos tienden a separar en el plano político, y que ha permeado otros sectores de la vida cotidiana, la construcción de las identidades políticas ha partido de lo que llamaremos usando un término sociológico: la dialéctica de la negación del otro. Soy y me identifico políticamente desde la negación de la otra(s) identidad(es) política(s). O sea, las identidades se construyen a partir de la negación de las otras. Y en esta coyuntura, se hace necesario reforzar y fortalecer a los nuestros, a tal punto que las divergencias no tienen cabida.

Este tipo de conductas, en medio de una guerra, suele ser muy útil, pues no acepta términos medios, ni guabineos. Pero no estamos en guerra. O al menos el enemigo ha cambiado y se ha colado entre las propias filas “patriotas”, pues los enemigos son hoy día los servidores públicos ineficientes, incompetentes, corruptos, incapaces, deshonestos, insensibles. Ya no son los escuálidos infiltrados, los adecos y su adequidad, sino son los que actualmente luego de 11 años de gobierno, siguen reproduciendo actitudes y aptitudes impropias de un servidor público que se hace llamar socialista, bolivariano y sobre todo chavista. Por algo el presidente reguló el uso de su nombre y su imagen, pues no es precisamente con éstos funcionarios que quiere identificarse.

Y uno de los principales aspectos a considerar para adelantar un cambio significativo en la gestión pública, es permitir y tolerar la crítica y el control social. Pues una cosa es decir que la crítica se permite, y otra es tolerarla, pues el venezolano es inteligente, y por demás astuto, por lo que si ser crítico amenaza su estabilidad política, social, económica o laboral, no tiene reparo en asumir posturas pendejas y cobardes. En otros términos: calla y se convierte en un cómplice silente.

Pero hay otros que salen al frente, y en una actitud iracunda no aguardan la cordura y se lanzan valientemente hacia la crítica y la denuncia, incluso no importando por qué medio o a través de qué lenguaje. Simplemente lo hacen. Y las reacciones, pues no se hacen esperar. Descalificaciones, levantamiento de sospechas sobre posibles intereses ocultos o tutelados por organismos externos o internos, traidor, antipatriota, y hasta adeco. Sale muy costoso esta empresa de ser crítico, pero valoro a quienes tenemos sobradas “voluntades” para afrontar las consecuencias con el sólo interés de buscar cambios en los modelos de gobierno y elevar los niveles de eficiencia, efectividad y eficacia, las tres “e” importadas de la gerencia privada, pero que son muy útiles a la hora de evaluar por resultados la gestión pública.

¿Es necesario y por demás positivo mantener cerradas las vías para legitimar las críticas y las denuncias? ¿Tiene que salir tan caro ser crítico? ¿Acaso de eso no se trata el Sistema Nacional de Planificación, de abrir canales en los diversos niveles políticos territoriales para la canalización de las expectativas transformadas en proyectos que provienen de las comunidades, y eso que tanto nos gusta decir pero que poco aceptamos su práctica como lo es la contraloría social? Trabajando con Diosdado Cabello en Miranda, se trató de avanzar en la construcción real de esos espacios de participación popular, como lo fueron los PRE-CEPLACOPP (Consejo Estadal de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas) de la mano del Ing. José Vicente Rodríguez. Y en esos tiempos, recuerdo también la gestión del alcalde Argenis Loreto con lo que fue la planificación y el presupuesto participativo, y la experiencia de Freddy en Caracas con los GOL bajo la gestión de Frenzel Hernández, y por supuesto todo lo que sintetizó y propulsó Martha Harnecker en este sentido. Luego con Haiman como Ministro de Planificación y Desarrollo, se hicieron esfuerzos importantes para ponerle el acento a la necesidad de transformar la administración pública y a sus servidores desde la Fundación Escuela Venezolana de Planificación, pero con la llegada de Giordani, el viraje hacia un determinismo económico de la planificación relajó el interés hacia lo institucional.

¿Y qué tenían de común todas éstas experiencias? Justamente, que trataban de abrir los espacios institucionales para legitimar las críticas, denuncias y propuestas de las comunidades. Pero por diversos factores, fue perdiendo el impulso de la gestión participativa, a mi entender, la mejor y más eficiente estrategia para profundizar el ejercicio democrático de la ciudadanía política. Y creo que el momento donde justamente perdió más impulso, fue cuando se institucionalizó el poder popular, creando un ministerio para ello. Esto incluso, habría que revisarlo con más cuidado. Finalmente le hago un llamado a usted, Presidente Chávez. Por favor camarada, frente a la crítica hacia la gestión del gobierno y los servidores públicos, parafraseando al cantante español Joaquín Sabina, haga que “ser cobarde no valga la pena y ser valiente no salga tan caro”. Sin crítica no avanzamos en la construcción del socialismo bolivariano, y sin tolerancia no hay crítica posible. Sólo siendo tolerantes con la crítica podemos avanzar en la construcción del socialismo bolivariano. ¡Crítica o Muerte… Toleremos!

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